jueves, 8 de mayo de 2014

Solo tu piel desnuda.


Te estoy observando desde la cama,
reciente campo de guerra que abandonas vencedora y vencida.
Desde este trono te miro.
Con los últimos jadeos aun vibrando en el aire.
Dices que quieres ducharte
y diluir  las huellas sudorosas del amor.
Innecesariamente decorosa,
pretendes taparte las caderas, centro de mis miradas,
pero tus manos pequeñas no lo consiguen.
No mires, me dices.
Pero antes muerto que obedecerte.
Prefiero aprenderme de memoria tu espalda,
recorrer tus piernas,
o admirarte entera desde el deseo y la excitación,
antes que desviar mi mirada al techo
y no concederme tal placer.
Antes prefiero ser una leña, consumiéndose en la hoguera
que dejar de admirar tu pura desnudez.
Embriagarme de tu cuerpo, perder  conciencia, razón y timidez.
Quedarme ciego de ti por no obedecerte, pero antes verte...
Prefiero grabarte en mi retina a fuego, 
morirme después de arrepentimiento
por no haberme dado la vida de mirarte por siempre.
Por eso insisto en la mirada,
recorriendo más allá de lo visible,
esforzando la vista para verte más, más y más.
Te veo insolente y felina, erótica impúdica, niña y casta.
Parece que adivinas mis pensamientos y me miras.
Al girar tu cabeza y mostrarme una sonrisa,
descubro tu exhibicionismo secreto
generosamente halagada por mí.

                           Jorge Emilio Rios Zenol  
                                                               08 de Mayo de 2014 // 22:05 Hs
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