La
mujer de la costa.
No quiero abrir la puerta, quizás
esté oculto el destino en ese cuarto gris de la vida, tal vez salgan a caminar
aquellos fantasmas del ayer, aquellos desordenados lugares que siempre me han
perseguido en mi peregrino andar, en mi gran caminata por el mundo de los
mortales y sus lados oscuros, no puedo ver el sol radiante, no, no está útil
desde mi piel reseca, se evapora su vaho, quizás sea el fragmento remoto de
lejanos soles o ese jardín derrumbado que aparece en el amarillento papel
virgen de palabras de amor, _no preguntes_, que no estás en ese paisaje que aún
no ha sido creado en mi vida, ni tampoco en las palabras que imaginó la pluma
para el amarillento papel.
Estoy dormido en mi recuerdo, y
lentamente regresan todos mis caídos, esos cadáveres que alguna vez formaron
parte de la sonrisa de niño, de adolecente, de hombre y aun hoy de viejo; Caídos,
que alguna vez caminaron por las calles antiguas de mi vida, tomados de mis
manos, con historias repletas de soledades, inenarrable para los amarillentos
papeles, calles colmadas por imágenes y pasado, por sombras que ya no recuerdo,
besos de lujuriosa amante que disfrazo entre las copas de la nostalgia.
Despierto, aún tengo el sabor de tu
recuerdo en mis labios, _no sé por qué te atreves a regresar del pasado, a gritar
tu nombre en mi mente, a remarcarle al presente en esas frustrantes costumbres de
errores, e intentar convertirlas en buenas enseñanzas, como si el espacio entre
el ayer y hoy, lo perdonara todo y fuera la sombra de un mal recuerdo. Quién
sabe dónde estás, ya no te veo, pero te oigo, tengo el sabor de tu cuerpo en mis
labios y estoy despierto, quizás deba caminar por las calles de mis caídos.
Sé que me perseguirás, aunque ya no
eres ese fantasma que aterrorizo mis sentimientos, que abrió la puerta
equivocada y asaltó mi adolescencia ingenua, ya no eres esa mujer consentida que
escribía su nombre en cada carta de amor con sello de carmín, para que se
conociera su travesura, ya no eres ese rito con sabor a caricia y placer. Ya no
te pérsigo, ya no te busco, quizás estés entre mis papeles amarillento o en el gris
vacío de aquel cuarto, pero te presiento, estás aquí, y aún tengo el sabor de
tu cuerpo en mi boca…
P/D: Si alguna vez te olvido, será porque
ya no quedaran olas en la playa…
19
de Octubre de 2015
Jorge
Emilio Rios Z.
