domingo, 18 de octubre de 2015

La mujer de la costa.

No quiero abrir la puerta, quizás esté oculto el destino en ese cuarto gris de la vida, tal vez salgan a caminar aquellos fantasmas del ayer, aquellos desordenados lugares que siempre me han perseguido en mi peregrino andar, en mi gran caminata por el mundo de los mortales y sus lados oscuros, no puedo ver el sol radiante, no, no está útil desde mi piel reseca, se evapora su vaho, quizás sea el fragmento remoto de lejanos soles o ese jardín derrumbado que aparece en el amarillento papel virgen de palabras de amor, _no preguntes_, que no estás en ese paisaje que aún no ha sido creado en mi vida, ni tampoco en las palabras que imaginó la pluma para el amarillento papel.

Estoy dormido en mi recuerdo, y lentamente regresan todos mis caídos, esos cadáveres que alguna vez formaron parte de la sonrisa de niño, de adolecente, de hombre y aun hoy de viejo; Caídos, que alguna vez caminaron por las calles antiguas de mi vida, tomados de mis manos, con historias repletas de soledades, inenarrable para los amarillentos papeles, calles colmadas por imágenes y pasado, por sombras que ya no recuerdo, besos de lujuriosa amante que disfrazo entre las copas de la nostalgia.
Despierto, aún tengo el sabor de tu recuerdo en mis labios, _no sé por qué te atreves a regresar del pasado, a gritar tu nombre en mi mente, a remarcarle al presente en esas frustrantes costumbres de errores, e intentar convertirlas en buenas enseñanzas, como si el espacio entre el ayer y hoy, lo perdonara todo y fuera la sombra de un mal recuerdo. Quién sabe dónde estás, ya no te veo, pero te oigo, tengo el sabor de tu cuerpo en mis labios y estoy despierto, quizás deba caminar por las calles de mis caídos.
Sé que me perseguirás, aunque ya no eres ese fantasma que aterrorizo mis sentimientos, que abrió la puerta equivocada y asaltó mi adolescencia ingenua, ya no eres esa mujer consentida que escribía su nombre en cada carta de amor con sello de carmín, para que se conociera su travesura, ya no eres ese rito con sabor a caricia y placer. Ya no te pérsigo, ya no te busco, quizás estés entre mis papeles amarillento o en el gris vacío de aquel cuarto, pero te presiento, estás aquí, y aún tengo el sabor de tu cuerpo en mi boca… 



P/D: Si alguna vez te olvido, será porque ya no quedaran olas en la playa…


19 de Octubre de 2015           

                                                           Jorge Emilio Rios Z.