Poema
a mi expiro…
Musitaron
las féminas que creían ser nereidas
Y
en la prevaricación de sus secretos,
Con
un vaho de nostalgia,
De
amantes de soldados que no regresarán de la batalla;
Sollozó
remembranza de afirmante adiós.
“amante
sin igual de poemas punzantes,
Cuyas
letras penetraban la coraza de las almas más dura;
Se
ha perdido en los laberintos del silencio mudo.
Ha
cambiado pasión por aplomo;
De
lobo estepario a oveja en su corral.
Dejamos
nuestras lágrimas sobre tus viejos ajuares,
Poemas
que han de añejarse como el vino
Pero
que el viñador no catará jamás;
Fuiste
una ráfaga que arrasó las emociones
Como
una estrella fugaz resplandeciente,
Que
cruza el firmamento y luego desaparece.
Te
decimos adiós del mundo glorioso que te rodeaba
¡Las
puertas estaban tan abiertas a tu destino impetuoso!
Pero
te has marchado por la delgada inverosímil vida eterna.
Adiós
poeta… De luto nos vestimos hoy,
Mañana
se levantarán miles como fuiste tú
Entonces
serás un lindo recuerdo que desaparece
Como
las cenizas son esparcidas por el viento”
Pero
una voz poderosa como el trueno,
Potente
como el rugir de un león en la Sabana Africana
Se
escuchó con un cántico como respuesta:
“El
poeta ha muerto porque la semilla debe caer y morir,
Porque
está llamado a dar frutos que no perecen,
Está
llamado a portar como espada, la palabra santificada.
Será
un guerrero cuyos enemigos no podrán atravesar su escudo,
Porque
su escudo será del oro color sangre;
Sangre
que redime la fe humana y que doblega a los vanidosos;
Llevará
detrás de sí, adelante y a sus costados, ejércitos de ángeles,
Con
pluma y tinta.
Sus
versos serán el rezo que sosegarán, hombres, mujeres, niños y
Ancianos
sedientos de esperanzas.
Sus
oído presto a él;
Como
homenaje ya tiene su palma y corona,
Y
por su legado ya tiene vida eterna;
Solo
le queda el peregrinaje en el mundo,
Que
ya es para él, tierra ajena…
Por
ello lo llamo peregrino poeta,
Cuya
pluma tendrá de tinta mi Santo Espíritu
Y
será esparcido, no como ceniza al viento,
Sino
como palomas mensajeras.”
29/12/2015 Jorge
Emilio Rios Z.
“El
día ya está anunciado, ahora, Dios es quien manda”
