Cuando se mira con los
ojos del alma.
El ser humano somos tan poco sensible, tan frágil, tan poco diestro con las
adversidades, que sólo vemos lo que nuestros ojos quieren ver, sentir lo que
nuestro ego necesita y así nos justifique ese bienestar personal, aunque eso
nos suponga llorar.
Vivimos en nuestra propia burbuja
pensando que es la única, la verdadera, la real, ignorando que todos
somos uno, sin pensar que el que está en frente de nosotros es parte nuestra,
porque en su paso deja su huella, en el aire su aliento, y ante nuestros ojos
debería dejarnos un sentimiento.
_Hoy vi a un hombre, diferente a los
hombres que pasaban a su lado, era un hombre con mirada al suelo y con sus manos
extendidas._
Su camisa sucia, desgastada
y suelta, parecía que
bailaba al compás del aire, que la animaba en una danza falsa de pertenencia.
Sus pies casi descalzos se rosaban sobre la vereda, pero el dolor se lo callaba.
Lo llaman el vagabundo y sólo dolor se ve en su alma.
Pobre de espíritu y con poca gracia, eleva la vista, apenas para dar las gracias, al sonar una moneda en una cajita de madera.
Su cara desgastada, parecía de cera.
Sus manos encalladas, llevaban el destino marcado de la labranza.
Un ser humano apagado de luces, sin imagen, una triste poesía; un envoltorio de alma y espíritu a la buena de Dios, con una manta, tres cartones y una sonrisa cruzada y en su bolsillo una botellita que, supongo, le acompaña como sus penas.
Lo llaman el vagabundo, _ yo, lo llamo recuerdo._
bailaba al compás del aire, que la animaba en una danza falsa de pertenencia.
Sus pies casi descalzos se rosaban sobre la vereda, pero el dolor se lo callaba.
Lo llaman el vagabundo y sólo dolor se ve en su alma.
Pobre de espíritu y con poca gracia, eleva la vista, apenas para dar las gracias, al sonar una moneda en una cajita de madera.
Su cara desgastada, parecía de cera.
Sus manos encalladas, llevaban el destino marcado de la labranza.
Un ser humano apagado de luces, sin imagen, una triste poesía; un envoltorio de alma y espíritu a la buena de Dios, con una manta, tres cartones y una sonrisa cruzada y en su bolsillo una botellita que, supongo, le acompaña como sus penas.
Lo llaman el vagabundo, _ yo, lo llamo recuerdo._
Jorge Emilio Rios Z 30 de Mayo de 2015
