sábado, 27 de septiembre de 2014

Querido amigo:

El tiempo, que hasta aquí se mantenía indiferente y frívolo, ha sufrido últimamente una marcada e inesperada variación, cosa, a la verdad, extraña a estas alturas de mi vida, en donde la proximidad de fantasmas en mis pensamientos me tienen en continuo sobresaltos  como a los espectadores en una obra de terror, asustado y en suspenso, con el rápido mudar de los decorados en cada escenas, así se transformó el día a día de mi alma. A las alternativas de frío o de calor, de aires o de bochornosa primavera, breve de pasión, que en cuanto a desigual y caprichosa nada tiene que envidiar a la que disfrutan ustedes en la libertad del otro lado del gris muro. Ha sucedido un tiempo constante, sereno y templado. Merced a estas circunstancias y a encontrarme bastante mejor de los pensamientos que, cuando no me imposibilitan del todo, me quita por lo menos el deleite para los largos recuerdos apolillado, he dado barias vueltas por estos recuerdos y, visitar los pintorescos lugares de mi libertad. Fuera de esos recuerdos el presente me encuentra desprotegido, trepando mi vista al techo, recontando roca a roca, y siguiendo la marcha de las huella de los desafortunados o la oscura profundidad de una jaula para despojos, he vagado tantos días como lagrimas lloradas en silencio, de un muro a otro por donde recuesto mi espalda a sentir su húmeda caricia para sentirme vivo, un sitio inexplorado para los humanos, una senda apartada de la mano de Dios, una lápida aventurada, con mi nombre y apellido. Hoy, año 20 de mi eternidad, escribo para recordarte que, fue mi derecha con el filo acompañado la que lavo mi honra y, mis lágrimas, las que lavaron el rojo botín de su paga…

 Cadena perpetúa




28 de Sep. De 2014                                            Jorge Emilio Rios Z.