jueves, 19 de noviembre de 2015

Breve relato de la vida


                           El libro zahir

¿Sabes que es lo triste de dormir? La gente usualmente tiene dos respuestas: una es, con algún dejo de romanticismo melancólico, dormir es triste porque al despertar dejas de soñar. La otra afirmación es de un optimismo tanguero. Un tercio de tu vida se va sin sentido alguno, se va sin decir adiós.
Mientras miro por la ventanilla del tren, me pregunto si mi respuesta personal es válida. A pocas estaciones de distancia estará mi esposa anhelando el reencuentro (o simplemente estará esperando mi llegada).
Quiero concretar mi sueño. Un día leí en un sueño un cuento que jamás había leído, referido a un misterioso libro secreto. El cuento después lo leí en una antología de cuentos españoles. Desde ese día solo sueño con cuentos que leo, y mientras los leo sé que mi sangre se vuelve tinta y se escabulle, para escribir las páginas del próximo libro que iré a leer. Después, ya despierto, encuentro que todo lo que leo ya lo hube leído anteriormente. Siendo escritor, y la pasión de mi vida la lectura, siento que mi vida ha quedado descolorida. Hace poco llegué a la conclusión de que si no conseguía el libro de mi sueño y podía romper la maldición dormir me llevaría al delirio.
En la búsqueda de mi zahir* no he cesado en recorrer las librerías y bibliotecas de las ciudades españolas. Vanamente.
Ayer a la noche mi mujer me llamó por teléfono, me dijo que encontró el libro en una aldea a las afueras de A Coruña, en una biblioteca casi abandonada que hay en el subsuelo de un pazo habitado solo por un “anciano”.
Al llegar a la estación de tren y saludar a mi esposa siento perder la conciencia. Al despertar, tengo los ojos vendados, y siento el ronroneo de un auto (supongo que estoy en uno).
-¿Qué pasa?-Digo.
-Estamos por entrar al caserón, el viejo me dijo que no quiere que se sepa que él tiene el libro oculto allí.
Escucho apagarse el motor. Me llevan hacia un lugar, escucho abrirse las puertas. Me sacan la venda de los ojos y saludo a un señor mayor de pelo plateado, con las manos enjoyadas con anillos dorados. Se sonríe afablemente. Me invita a pasar al sótano, lo sigo. A paso de tortuga llegamos a un estante. Me señala entre los tomos uno no muy grueso.
En el nombre del lector
-Hace años que no me atrevo a abrirlo. Años atrás lo encontré en una antigua biblioteca de un pueblo, que ya ni recuerdo,-me dijo-. Después de obsesionarme unos meses con él comenzó a ocurrir que toda hoja que buscara en él decía siempre lo mismo. “A vos no te requerí”. Me aburrí y lo dejé aquí juntando polvo.
A mí sí me había llamado, le pedí al anciano que me deje contemplar a solas el libro. Esbozo una breve sonrisa para sus adentros y se fue. Lo saqué cuidadosamente de la estantería, abrí el libro de hojas amarillentas, y se abrieron las venas de mi mano derecha, se transformaron en una pluma y mi sangre en tinta. Comencé a escribir.
HOY SOY EL LIBRO Y SOY FELIZ (ya no duermo).

19 de Noviembre de 2015                                  Jorge Emilio Rios Z.

  * "Según el escritor Jorge Luis Borges, la idea del Zahir procede de la tradición islámica, y se estima que surgió alrededor del siglo XVIII. Zahir, en árabe, quiere decir visible, presente, lo que no puede pasar desapercibido. Algo o alguien que, cuando entramos en contacto con él, acaba ocupando poco a poco nuestro pensamiento, hasta que no somos capaces de concentrarnos en nada más. Eso puede considerarse santidad o locura." 


P/D: Dedicado a la pared que separa mi locura de la crueldad de lo inhumano...