Breve relato de
la vida
El libro zahir
¿Sabes que es lo triste
de dormir? La gente usualmente tiene dos respuestas: una es, con algún dejo de
romanticismo melancólico, dormir es triste porque al despertar dejas de soñar.
La otra afirmación es de un optimismo tanguero. Un tercio de tu vida se va sin
sentido alguno, se va sin decir adiós.
Mientras miro por la
ventanilla del tren, me pregunto si mi respuesta personal es válida. A pocas
estaciones de distancia estará mi esposa anhelando el reencuentro (o simplemente
estará esperando mi llegada).
Quiero concretar mi
sueño. Un día leí en un sueño un cuento que jamás había leído, referido a un
misterioso libro secreto. El cuento después lo leí en una antología de cuentos españoles.
Desde ese día solo sueño con cuentos que leo, y mientras los leo sé que mi
sangre se vuelve tinta y se escabulle, para escribir las páginas del próximo
libro que iré a leer. Después, ya despierto, encuentro que todo lo que leo ya
lo hube leído anteriormente. Siendo escritor, y la pasión de mi vida la
lectura, siento que mi vida ha quedado descolorida. Hace poco llegué a la conclusión
de que si no conseguía el libro de mi sueño y podía romper la maldición dormir
me llevaría al delirio.
En la búsqueda de mi
zahir* no he cesado en recorrer las librerías y
bibliotecas de las ciudades españolas. Vanamente.
Ayer a la noche mi
mujer me llamó por teléfono, me dijo que encontró el libro en una aldea a las
afueras de A Coruña, en una biblioteca casi abandonada que hay en el subsuelo
de un pazo habitado solo por un “anciano”.
Al llegar a la estación
de tren y saludar a mi esposa siento perder la conciencia. Al despertar, tengo
los ojos vendados, y siento el ronroneo de un auto (supongo que estoy en uno).
-¿Qué pasa?-Digo.
-Estamos por entrar al caserón,
el viejo me dijo que no quiere que se sepa que él tiene el libro oculto allí.
Escucho apagarse el
motor. Me llevan hacia un lugar, escucho abrirse las puertas. Me sacan la venda
de los ojos y saludo a un señor mayor de pelo plateado, con las manos enjoyadas
con anillos dorados. Se sonríe afablemente. Me invita a pasar al sótano, lo
sigo. A paso de tortuga llegamos a un estante. Me señala entre los tomos uno no
muy grueso.
En el nombre del lector
-Hace años que no me
atrevo a abrirlo. Años atrás lo encontré en una antigua biblioteca de un
pueblo, que ya ni recuerdo,-me dijo-. Después de obsesionarme unos meses con él
comenzó a ocurrir que toda hoja que buscara en él decía siempre lo mismo. “A
vos no te requerí”. Me aburrí y lo dejé aquí juntando polvo.
A mí sí me había
llamado, le pedí al anciano que me deje contemplar a solas el libro. Esbozo una
breve sonrisa para sus adentros y se fue. Lo saqué cuidadosamente de la
estantería, abrí el libro de hojas amarillentas, y se abrieron las venas de mi
mano derecha, se transformaron en una pluma y mi sangre en tinta. Comencé a
escribir.
HOY SOY EL LIBRO Y SOY
FELIZ (ya no duermo).
19 de Noviembre de 2015 Jorge
Emilio Rios Z.
* "Según el
escritor Jorge Luis Borges, la idea del Zahir procede de la tradición islámica, y se estima
que surgió alrededor del siglo XVIII. Zahir, en árabe, quiere decir visible,
presente, lo que no puede pasar desapercibido. Algo o alguien que, cuando entramos
en contacto con él, acaba ocupando poco a poco nuestro pensamiento, hasta que
no somos capaces de concentrarnos en nada más. Eso puede considerarse santidad
o locura."
P/D: Dedicado a la pared que separa mi locura de la crueldad de lo inhumano...
