El último instante.
Tal vez,
fue esa melancólica noche a
orilla de la madrugada,
que decidió el instante: "nunca
más rozar mis labios".
Y la luna que brillaba a lo
lejos,
y el alba insinuante,
en esa despedida
también llamada adiós,
nos dio un suspiro.
Cuando mirándonos a los ojos
nos dimos cuenta,
que no podrían separarse
nunca más.
Y se fundieron en un beso
interminable
que perdura como eco de mis
palabras.
31 de Julio de 2015 Jorge
Emilio Rios Z.
