domingo, 8 de marzo de 2015

Hacia el cielo,
Más alto que un mundo inalcanzable
O que la torre de un rey efímero,
Se alza el sueño de lo que seremos.
Todo se precipitará a la luz de una primera palabra.
_ ¿Cuál será?, _me pregunto respirando por los ojos ausentes
Y el pulso desbocado_,
Qué palabra leída o dicha
Le causará un temblor de piano desafinado
Cual mano en mi pecho.
Será una palabra sin noche, sin urgencia, sin viento.
Nítida sobra de sombra, derramando un agitar de deseos.
_Yo la pronunciaré_
Y ella la morderá con el ansia del beso perdido.
Si llevara acento de pecado pondría le una roja manzana;
Roja, como solloza lágrima de sangre de Santa virgen.
No será gemido, sino lamento de una rosa ciega,
Perdida en jardines secos en los primeros fríos.
Y no temeré acompañarla de otoños, ni de inviernos,
Ni confesarle que mi verdad posee el color de la nieve
O que a veces es gris
O negra
O siempre mentira.
Qué palabra derretirá el candor de su boca
Y agitará su fecundo vientre
Hasta convertirnos en pasión de lunas, en sudorosos deseos.
Será suyo un eco agradecido
Susurrado entre escalofríos esféricos de ombligo.
Y yo la abrazare, creedme, la abrazare
Por las orillas más alegres del corazón
Hasta que sus cabellos dejen en libertad mis manos.


(Feliz día de la mujer, amor de mi vida: Carla Vanina Morrone)

08 de Marzo de 2015                                                          Jorge Emilio Rios Z.