Hacia el cielo,
Más alto que un mundo inalcanzable
O que la torre de un rey efímero,
Se alza el sueño de lo que seremos.
Todo se precipitará a la luz de una
primera palabra.
_ ¿Cuál será?, _me pregunto
respirando por los ojos ausentes
Y el pulso desbocado_,
Qué palabra leída o dicha
Le causará un temblor de piano desafinado
Cual mano en mi pecho.
Será una palabra sin noche, sin
urgencia, sin viento.
Nítida sobra de sombra, derramando
un agitar de deseos.
_Yo la pronunciaré_
Y ella la morderá con el ansia del
beso perdido.
Si llevara acento de pecado pondría
le una roja manzana;
Roja, como solloza lágrima de sangre
de Santa virgen.
No será gemido, sino lamento de una
rosa ciega,
Perdida en jardines secos en los
primeros fríos.
Y no temeré acompañarla de otoños,
ni de inviernos,
Ni confesarle que mi verdad posee el
color de la nieve
O que a veces es gris
O negra
O siempre mentira.
Qué palabra derretirá el candor de
su boca
Y agitará su fecundo vientre
Hasta convertirnos en pasión de
lunas, en sudorosos deseos.
Será suyo un eco agradecido
Susurrado entre escalofríos esféricos
de ombligo.
Y yo la abrazare, creedme, la
abrazare
Por las orillas más alegres del
corazón
Hasta que sus cabellos dejen en
libertad mis manos.
(Feliz día de la mujer, amor de mi
vida: Carla Vanina Morrone)
08 de Marzo de 2015
Jorge Emilio Rios Z.
