lunes, 23 de noviembre de 2015

Café con aroma de mujer.

El olor a tarde seca se desprende del viento que entra por mi ventana, siendo así la calma en la serena siesta, no puedo evitar distinguirlo como un aroma común que se oculta entre otros  ocasos, soñando ser diferente.
Y la música en aire fresco, se vuelve eco infinito en mis pensamientos.
La tetera está hirviendo en la cocina. Los pájaros no cantan, el tiempo se detiene llevándome a un horizonte sin comienzo ni final. Sólo un segmento de un perpetuo instante que se esconde entre las hojas de una niebla doradamente verde con ramas señalando un nuevo rumbo, o uno conocido, quizás. Allí están ellos, postes sembrados a los costados del camino, tan desordenados que hacen parecer que en el fondo tienen una estructura no tan frágil, un escenario perfecto que hacen tan irónicos a estos caminantes eternos mimetizados con el paisaje.
Desde mis ojos se escapa un sueño…
En resumen, una tarde como otras en las cuales decido contar una porción de mi vida para que no parezca una de tantas, sino que la combino con el áspero y dulce sentimiento de alegría ciega a lo desconocido, a un libro recién empezado, a un poema virgen de sentimientos.
La música del aire sigue y mis sueños vuelan.
Para mí, hacer un café es un arte. Cada uno tiene su estilo, sabor y delicadeza a la hora de prepararlo. Hacerlo apurado, es un poema con sentimientos, un relato de existencia generosa, una palabra escrita a tiempo.
Una falta de respeto, implica no saborear lo que podría ser la última taza de nostalgia enriquecida con el sabor de conquistar al leyente de mis horizontes.
La melodía del aire sigue... Pero al hacer uno con extrema tranquilidad se puede notar al tomarlo, escasos segundos de satisfacción mezclados con una imagen de blanco paisaje. Tres de azúcar son las letras, dos del amargo grano son las palabras,  el agua caliente el argumento y para calmar un chorro blanco de leche fría el cual se combina con lo oscuro, suavizando el paisaje negro áspero de la tinta, que tallan los sentimientos expuestos.
Si tuviera que elegir un objeto en la vida que me refleje sería el café. No porque esté obsesionado, sino porque me genera paz y melancolía.
En cierto modo cómico se parece mucho en color a mis gustos favoritos de exquisitos bombones Suizos. Entonces se podría decir que me asemejo con una variable de sabores,  volviendo a lo abstracto, podría contar una de las cuantas historias que tengo acerca de las múltiples personalidades que conozco a las cuales no pienso dar nombres. Es más, voy a agregar a esto los distintos lugares que no quiero olvidarme en el transcurso de mi vida. Lugares que llenan el vacío del alma, lugares en los que me veo reflejado o veo reflejadas cosas que la gente normal pasa por alto.
Esto pasó en mis sueños despiertos. Me hace acordar a la foto de fondo que nombré anteriormente en algún escrito. Un bulevar con bellos árboles, un tren que pasaba cada día, me acuerdo su ruido afanoso y sofocante pero al pasar el tiempo viviendo ahí cercano a las vías, se volvía costumbre.
Bueno...
Adultos adolescentes, borrachos de sueños, indecisos lectores, poetas triviales, bohemios anónimos. Lo que quiero tratar de entender es una incógnita entre esas tardes y darle un significado más abierto, positivo o negativo a mis sueños de negligente y vulgar poeta.

_Creo que no debo escribir al paisaje de la mujer_, apenas entendía el significado del amor desvanecido en la belleza marchita de un olvido, metido en ese sentimiento de conformidad para seguir escribiendo, y que poco a poco voy entendiendo su paisaje.
Hay gente que cree en el amor a primera vista, y quizás, solo quizás puedan entender lo doloroso y asfixiante del saber que no sabes nada de ese alguien a quien conociste en breves instantes, en un sueño despierto, y a quien por alguna razón hace generar esa expresión de mascar lo agridulce.
 Tocan el timbre...
Quizás, solo quizás sea hora de despertar…

23 de Noviembre de 2015              Jorge Emilio Rios Z.

P/D: Dedicado a la ventana de mi vida, a tu amor por mí y a lo reciproco…


jueves, 19 de noviembre de 2015

Breve relato de la vida


                           El libro zahir

¿Sabes que es lo triste de dormir? La gente usualmente tiene dos respuestas: una es, con algún dejo de romanticismo melancólico, dormir es triste porque al despertar dejas de soñar. La otra afirmación es de un optimismo tanguero. Un tercio de tu vida se va sin sentido alguno, se va sin decir adiós.
Mientras miro por la ventanilla del tren, me pregunto si mi respuesta personal es válida. A pocas estaciones de distancia estará mi esposa anhelando el reencuentro (o simplemente estará esperando mi llegada).
Quiero concretar mi sueño. Un día leí en un sueño un cuento que jamás había leído, referido a un misterioso libro secreto. El cuento después lo leí en una antología de cuentos españoles. Desde ese día solo sueño con cuentos que leo, y mientras los leo sé que mi sangre se vuelve tinta y se escabulle, para escribir las páginas del próximo libro que iré a leer. Después, ya despierto, encuentro que todo lo que leo ya lo hube leído anteriormente. Siendo escritor, y la pasión de mi vida la lectura, siento que mi vida ha quedado descolorida. Hace poco llegué a la conclusión de que si no conseguía el libro de mi sueño y podía romper la maldición dormir me llevaría al delirio.
En la búsqueda de mi zahir* no he cesado en recorrer las librerías y bibliotecas de las ciudades españolas. Vanamente.
Ayer a la noche mi mujer me llamó por teléfono, me dijo que encontró el libro en una aldea a las afueras de A Coruña, en una biblioteca casi abandonada que hay en el subsuelo de un pazo habitado solo por un “anciano”.
Al llegar a la estación de tren y saludar a mi esposa siento perder la conciencia. Al despertar, tengo los ojos vendados, y siento el ronroneo de un auto (supongo que estoy en uno).
-¿Qué pasa?-Digo.
-Estamos por entrar al caserón, el viejo me dijo que no quiere que se sepa que él tiene el libro oculto allí.
Escucho apagarse el motor. Me llevan hacia un lugar, escucho abrirse las puertas. Me sacan la venda de los ojos y saludo a un señor mayor de pelo plateado, con las manos enjoyadas con anillos dorados. Se sonríe afablemente. Me invita a pasar al sótano, lo sigo. A paso de tortuga llegamos a un estante. Me señala entre los tomos uno no muy grueso.
En el nombre del lector
-Hace años que no me atrevo a abrirlo. Años atrás lo encontré en una antigua biblioteca de un pueblo, que ya ni recuerdo,-me dijo-. Después de obsesionarme unos meses con él comenzó a ocurrir que toda hoja que buscara en él decía siempre lo mismo. “A vos no te requerí”. Me aburrí y lo dejé aquí juntando polvo.
A mí sí me había llamado, le pedí al anciano que me deje contemplar a solas el libro. Esbozo una breve sonrisa para sus adentros y se fue. Lo saqué cuidadosamente de la estantería, abrí el libro de hojas amarillentas, y se abrieron las venas de mi mano derecha, se transformaron en una pluma y mi sangre en tinta. Comencé a escribir.
HOY SOY EL LIBRO Y SOY FELIZ (ya no duermo).

19 de Noviembre de 2015                                  Jorge Emilio Rios Z.

  * "Según el escritor Jorge Luis Borges, la idea del Zahir procede de la tradición islámica, y se estima que surgió alrededor del siglo XVIII. Zahir, en árabe, quiere decir visible, presente, lo que no puede pasar desapercibido. Algo o alguien que, cuando entramos en contacto con él, acaba ocupando poco a poco nuestro pensamiento, hasta que no somos capaces de concentrarnos en nada más. Eso puede considerarse santidad o locura." 


P/D: Dedicado a la pared que separa mi locura de la crueldad de lo inhumano...





domingo, 8 de noviembre de 2015

Lo que tú sabes…


Mañana…
Un día, una tarde, una noche y una insipiente madrugada.
Mañana, estarán los vivos rezando religiones,
mientras difuntos despojos marcharán lejos de aquí cerca.
Mañana, quizá la lluvia refresque la tierra
mientras el sol calcine las agua,
mientras el día se haga alba.
Mañana, marcará el paso las horas perdidas
en el desierto de un reloj de arena,
mañana, no esperaré a nadie, mientras,
ese nadie me espere en calma.
Mañana, haré todo sencillo,
leeré nuevamente lo mismo, escribiré lo que tú ya sabes…
Tomaré el café amargo y respiraré el aire del mar.
Mañana, cerraré fuertemente las ventanas
antes que el sol calcine las aguas y el café se enfríe…





09 de Noviembre de 2015                      Jorge Emilio Rios Z.