jueves, 1 de mayo de 2014

Historia de un hombre común…



                                           
 PROLOGO.

 Para comprender                                                                                                                                                                          
 El 17 de noviembre de 1972 el general Perón retornaba —tras diecisiete años de largo exilio— a la patria. Fríos sudores empezaron a correr por las espaldas del elenco militar gobernante. Plutócratas y traidores iniciaban largos cabildeos para ver cómo se acomodaban a la nueva situación. Los viejos fantasmones de la Argentina agraria y semicolonial empezaban a entrar en pánico. Volvía el viejo caudillo, el “populismo irredento” se hacía nuevamente presente en la escena histórica de la patria. Otra vez, los negros, los cabecita, los descamisados, esa raza inculta que se denomina con dos simple palabras “El Populacho”. Otra vez esos…     “No podían esconder el odio de clase que sienten ante el retorno de Ulises” (Perón).
El pueblo, mientras tanto, se movilizaba para recibir a su líder. Diecisiete años de lucha y resistencia había templado su espíritu en las nuevas generaciones, un PERONISMO distinto, joven y combativo. El momento tan deseado estaba por concretarse. Pero ¿qué había pasado en la Argentina desde 1955? ¿Cómo se podía explicar este retorno de Perón? Para entenderlo repasaremos, brevemente, los hechos.
_Que así, me lo contaron cuando pibe…

El 16 de Septiembre de 1955 se produjo el golpe oligárquico. Fue conducido en su primera etapa por el general Lonardi. Este era un hombre proveniente de la matriz del nacionalismo católico, rodeado de bravucones ultramontanos y reaccionarios, obsoleto modelo del 30. Lonardi intentó encontrar una fórmula intermedia imposible, es decir, una política militar de patria sin pueblo, una revolución “nacionalista” funcional al imperialismo. No lo logró. Su idea de mantener la estructura económica del peronismo resultó indigesta para la oligarquía. Esta clase social sólo quería desperonizar la Argentina de raíz y sin miramientos, a sangre y fuego. Para ellos, Lonardi no escatimo en nada.

La segunda etapa es la del revanchismo gorila, conducida por Aramburu y Rojas quienes llevan adelante una política económica antinacional, antipopular y para la cual convocan al economista Raúl Prebisch. Este tecnócrata de la CEPAL fue el encargado de inventar una crisis que no existía. El objetivo era asustar a la nación frente a la supuesta quiebra económica para justificar la contrarrevolución y el retorno de una política económica denigrante para el populacho y de favoritismos ante el imperialismo y la clase alta del país. Prebisch presenta —en tiempo récord— un informe económico con el cual pretende “abrirle los ojos al pueblo” sobre el “estado lamentable” en que ha quedado la economía del país. 
 Las medidas tomadas a partir del informe fueron las clásicas recetas del liberalismo cipayino: La devaluación de la moneda, la desnacionalización del Banco Central y, sobre todo, la liquidación del IAPI. Esta última medida, sonoramente aplaudida por la oligarquía terrateniente, que así puso fin a los principios de un PUEBLO PERONISTA.

LA REVOLUCION LIBERTADORA. (Un genocidio con poca memoria)
Esta tiene también en su haber una larga lista de crímenes. Durante este periodo, un periodo de represión y persecuciones a todos los que, en un pasado, participaron directa o indirectamente al PERONISMO; Al paso de los años mi padre me contaba historias de siniestros personajes, torturadores de obreros, como Desiderio Fernández Suárez, Jefe de Policía de la Provincia de Buenos Aires y psicópatas como Próspero Fernández Albariños, el capitán Ghandi, quien “atendía” en su despacho con la calavera de Juan Duarte en la mano. Historia de aquel 9 de Junio de 1956, con apenas 26 años, junto a un amigo, Carlos Giménez  y un tío al cual no conocí, de nombre Terencio  y un grupo de patriotas encabezados por el General Juan José Valle iniciaron un movimiento revolucionario contra la dictadura, pero no fue suficiente. Pese a que se rindieron, muchos  fueron fusilados sin juicio, sin defensa y sin apelación posible, entre ellos mi tío. 
Tampoco se ausentó en el festín oligárquico la inteligencia semicolonial. José Luis Romero fue designado interventor de la Universidad de Buenos Aires y desde allí, en una gestión “progresista”, devolvió a las cátedras a todos los figurones del liberalismo antinacional. Borges asumió en la Biblioteca Nacional llevando su notorio rechazo al país y a su pueblo a la gestión pública.   Desinteresados de las cuestiones esenciales de su país, incapaces de comprender al pueblo real, europeizado y dedicado al cientificismo serán —en tanto intelectuales del coloniaje— un factor esencial, en el terreno de la cultura, para apuntalar el desmantelamiento del proyecto nacional y popular. Nada de esto cambiaría con los años. Hasta 1966 seguirán alienados discutiendo sobre “laica” o “libre”   Universidad Libre en un  país sometido a la voluntad del poder de los pocos. Un ejemplo claro, fue  el plan CONINTES que se lo aplicaron sólo a los obreros peronistas.

No mejor le fue al pueblo trabajador con Frondizi y con Illia. El primero, intentando reditar el Frente Nacional de 1945, triunfa en 1958. Con su victoria se abren ciertas esperanzas de construcción de una alternativa política al gorilismo de corte nacional, democrática y antiimperialista. Pronto defraudaría a todos, los que estaban proscriptos seguirían proscritos, De la mano de Frigerio se aleja del programa económico votado, pierde la base popular de apoyo y aplica el catecismo liberal camuflado en la zoncera del “imperialismo industrializador”: devaluación del peso, liberación completa de las transacciones financieras, endeudamiento externo y designación, en 1959, del cipayo capitán-ingeniero Álvaro Alsogaray como ministro de economía. La utopía frondizista de construir un desarrollo económico sin afectar los intereses de la oligarquía y el imperialismo concluye con su derrocamiento en Marzo de 1962. El corto gobierno de Guido —títere de los militares— sólo ofrece el retorno breve e infausto de Federico Pinedo que provoca una terrible devaluación que afecta aún más el nivel de vida de la clase más necesitadas y desamparadas “la clase obrera”.
El segundo, Illia, se mostró tibio ante la oligarquía, duro con la clase trabajadora, visceralmente antiperonista, portador de un nacionalismo agrario defensivo —obsoleto para esos tiempos— cayendo víctima de sus propias incapacidades en la noche del 29 de Junio de 1966. (Una película, que con el pasar de los tiempos se repetiría con otros actores, pero, una película que conlleva a dos caminos, a la dictadura o a una seudodemocracia corrupta y anti patriota).

Comenzaría allí la autodenominada “Revolución Argentina” conducida en su primera etapa por el cursillista general Juan Carlos Onganía y en la segunda por el eterno conspirador Alejandro Agustín Lanusse. Era el gobierno de la oligarquía agraria tradicional y el capital extranjero. El ministro Krieger Vanesa aplicó a rajatabla la política económica dictada por los intereses del imperialismo británicos  e americanos.

Se disolvieron los partidos políticos y se atacó a los sindicatos
, salvo a aquellos que mostraban una sumisión conciliadora con el régimen. Se abrió la importación, se redujo la industria nacional y se atacaron los derechos laborales, viejas consignas sociales. Nada de esto fue suficiente para derrotar al movimiento obrero, que para entonces ya tenía graves heridas de proscripción y persecución. El 29 de mayo de 1969 estallaría el Cordobazo. Contaba mi padre que, en aquellos tiempos, todo obrero era un soldado, con los dientes apretados y con la sangre en estado de ebullición, listo para saltar al campo de batalla y, así fue. Con este acontecimiento se inició la confluencia obrero-estudiantil y el auge de masas. El camino de la lucha revolucionaria se había iniciado. Una juventud rebelde y comprometida participaba desde partidos políticos y organizaciones guerrilleras en la lucha anti dictatorial. FAP, FAR, ERP y MONTONEROS, sólo por citar las más numerosas, crecieron notablemente en este período y acompañaron las luchas del movimiento obrero y las organizaciones sociales. El crecimiento de la Juventud Peronista fue notable.

Para mediados de 1972 la dictadura se batía en retirada frente a la ofensiva de las fuerzas populares. Lanusse amenaza a Perón diciendo que “no le da el cuero para volver”   e inventa la cláusula de residencia por la cual Perón no podía ser candidato a Presidente si no regresaba al país antes del 25 de Agosto.
Pero el general, se tragó “EL SAPO”…
¿Cómo no iba a festejar el pueblo el retorno de su líder luego de esta zaga de gobiernos desastrosos?

Cuando a las 11.08 el avión de Alitalia aterrizó, por fin, en Ezeiza miles de manifestantes lo esperaban alborozados. El proceso de liberación nacional se ponía nuevamente en marcha.
…Y desde ahí, comienza una nueva historia, mi historia…



                   Jorge Emilio Rios Zenol

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