Querido
amigo:
El tiempo, que hasta aquí se mantenía indiferente y
frívolo, ha sufrido últimamente una marcada e inesperada variación, cosa,
a la verdad, extraña a estas alturas de mi vida, en donde la proximidad de
fantasmas en mis pensamientos me tienen en continuo sobresaltos como a los espectadores en una obra de
terror, asustado y en suspenso, con el rápido mudar de los decorados en
cada escenas, así se transformó el día a día de mi alma. A las alternativas de
frío o de calor, de aires o de bochornosa primavera, breve de pasión, que
en cuanto a desigual y caprichosa nada tiene que envidiar a la que
disfrutan ustedes en la libertad del otro lado del gris muro. Ha sucedido un
tiempo constante, sereno y templado. Merced a estas circunstancias y a
encontrarme bastante mejor de los pensamientos que, cuando no me imposibilitan
del todo, me quita por lo menos el deleite para los largos recuerdos apolillado,
he dado barias vueltas por estos recuerdos y, visitar los pintorescos
lugares de mi libertad. Fuera de esos recuerdos el presente me encuentra
desprotegido, trepando mi vista al techo, recontando roca a roca, y siguiendo
la marcha de las huella de los desafortunados o la oscura profundidad de una jaula
para despojos, he vagado tantos días como lagrimas lloradas en silencio, de un muro
a otro por donde recuesto mi espalda a sentir su húmeda caricia para sentirme
vivo, un sitio inexplorado para los humanos, una senda apartada de la mano de
Dios, una lápida aventurada, con mi nombre y apellido. Hoy, año 20 de mi
eternidad, escribo para recordarte que, fue mi derecha con el filo acompañado
la que lavo mi honra y, mis lágrimas, las que lavaron el rojo botín de su paga…
Cadena perpetúa
28 de Sep. De
2014 Jorge Emilio Rios Z.

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