sábado, 23 de mayo de 2015

CARTA A VANINA.
Un día, el mundo nos entregó una joven vida; nos dejó dibujado un sueño en el pecho, un incompleto sueño, desprovisto de arquitectos y libretistas.
El mundo en realidad era muy viejo, cuando tú y yo éramos jóvenes.
Y echamos andar, aunque éramos muy débiles y poquita cosa, entre las garras de seres que se avergonzaban de nuestro amor.
Seres que jamás se animaron a comprendernos, que malgastaron sus
Fuerzas, talando cada árbol que sembrábamos, cuando nuestros castillos de arena eran más débil aún que nosotros mismos, y nos levantábamos como podíamos para sujetar el mar amargo.
En la historia de aquellos miedos, incluso en aquellos infiernos vaciados; donde nadie, salvo tú, comprendiste toda la verdad que había y hay en este amor que te he ofrecido.
Fuera de ti, ¿Quién podría entenderlo?
Dime, ¿Quién, comprenderá?
Las fuerzas para echar raíces y al fin encontrar mil cosas en común,
Y al fin, un acuerdo, que nos permita mostrarnos como arquitectos.
Y ahora yo poder escribir sin riesgos, y tú, también sin riesgos, poder leerme.
Sé que aun a nuestro alrededor retozan viejos murmullos ponzoñosos, ya sin frescura: como tantos caminos vírgenes ante nuestra madura vida y hasta el final.
Con los cimientos reforzados en nuestros castrillos de arena, porque ya no somos poquita cosa entre las garras de los que no saben comprender la simple imagen del HIPOCAMPO…

P/D: Hipocampo, si te desprendes muero…




08 de Mayo de 2015            Jorge Emilio Rios Z.




No hay comentarios:

Publicar un comentario