jueves, 30 de julio de 2015

El último instante.

Tal vez,
fue esa melancólica noche a orilla de la madrugada,
que decidió el instante: "nunca más rozar mis labios".
Y la luna que brillaba a lo lejos,
y el alba insinuante,
en esa despedida
también llamada adiós,
nos dio un suspiro.
Cuando mirándonos  a los ojos
nos dimos cuenta,
que no podrían separarse nunca más.
Y se fundieron en un beso interminable
que perdura como eco de mis palabras.


31 de Julio de 2015               Jorge Emilio Rios Z.






                

viernes, 24 de julio de 2015

Soy poeta.

Poeta de sabanas revueltas,
de amores y quimeras,
de jinetes en corceles negros
y caballos blancos bailando al viento.
Soy poeta de atardeceres sentado a orilla del mar,
de lágrimas que necean recuerdos
y cupidos enamorados...
El amor…
un estandarte erguido en lo alto de los cielos
creando poesía entre lirios y maletas de ilusiones.
Soy poeta de la vida, de la muerte y sus plañideras.
Poeta de poemas;
son poemas tus labio, versos tus manos,
y  tú alma,
La letra mayúscula con la cual escribo te amo...


24 de julio de 2015                Jorge Emilio Rios Z.







  

domingo, 5 de julio de 2015

Resaca.

Aquella mañana la vi salir del pequeño escondite de una ranura entre el espejo y el marco de madera que lo revestía. La observe fijamente como se desperezó estirando sus ocho patitas, tenía los músculos algo congelados por el frio que entraba por la pequeña ventana del baño, pero la luz del amanecer le calentaba suavemente su osamenta. Aquellos tibios rayos bañaban poco a poco el lugar produciendo por cientos de reflejos en su red perlada de pequeñas gotas de rocío. De pronto, algo perturbó la concordancia de aquel campo de espejos minúsculos: una vibración casi imperceptible estremeció a la araña. Otra vez. Silencio de nuevo. Esta vez sí. Otra vibración, esta vez más fuerte, hizo vibrar la tupida red. La araña decidió recorrerla por el camino oeste pues calcula que su invitado estaba llamando a su puerta por allí. Con gran maestría, la araña encuentra a su torpe y esperada visita.

[Aquella mañana, me quede observando un mundo distinto al mío, distinto pero tan cercano, que se podía escuchar hasta el silencio.]

_ ¡Buenos días! _ saludo la anfitriona
Ññññ, ññññ, ññññ  un chirrido quejumbroso se paró en seco al ver a la hambrienta aráña. Un mosquito joven pero rechoncho se debatía entre las hebras plateadas del entretejido que hacia esquina en el techo del baño. Su lucha había dejado alrededor un halo seco, sin gotas de rocío.
–Este… _ ¡Buenos días!_ insistió paciente ella.
Ññññ… Buenos días – contestó por fin el sofocado mosquito. Ya sé, ya sé lo que toca ahora. Sólo déjeme usted, señora araña que lo intente un poco más.
–Tranquilo, haga lo que tenga que hacer. – Respondió animándole ella, soltando un leve resoplido, por aquello que a ella le pareció chistoso.
¡Pero cómo me ha podido pasar esto a mí!  Se quejó el mosquito. Siempre paso por aquí desde que nací, vamos que hará dos días, y nunca he visto aquí, en este rincón del baño, una tela de araña. Y he de decir que muy bien hecha, lo reconozco: ligera, pero resistente, tersa, tupida pero con cierta aireación… y además, colocada entre un rincón, al final de dos pequeños muebles… muy astuta…
–Pues no es mi mejor trabajo – presumió ella –Si hubieras estado aquí hace dos días, habrías visto la que hasta la fecha era mi gran obra de arte. Pero, aún no habías nacido, y no pudiste apreciarla.
– ¿Y por qué no está? Si se puede saber… – El mosquito desistió un poco en su empeño de liberarse de aquella trampa de seda y plata.
–Me alegro de que me hagas esa pregunta. – la araña se relajó –Pues es que este es un sitio que me gusta. Es mi rincón, mi hogar. En él me siento segura porque no se pasa frio como cuando vivía en el hueco de un árbol, y aquí me dejan en paz lo habitantes de la casa. Lo malo es que debo soportar una humedad constante cuando toda la familia se les da por bañarse. Y de vez en cuando, la  dueña de la casa en el que vivo pasa su mano o un trapo amarillo por aquí y por allá, mientras dice algo que no llego a entender destruye sistemáticamente mis telas. Y tengo que volver a empezar de nuevo. Es una batalla en la que me debo mantener fuerte. Sé que la fortaleza psicológica es mi arma más potente.
 ¡Qué me va usted a contar!, yo vengo de mi cacería nocturna, y mire… Pero, ¿por qué sigue usted aquí? ¿Por qué no se marcha? Ahí mismo tiene usted la ventana abierta y un jardín bien apetecible.  dijo el mosquito intentando ganar tiempo para quizás poder evitar que su “anfitriona” lo desayunase.
– ¡Va! – Exclamó ella –Prefiero mi independencia, mi espacio. Aquí no lo comparto con nadie, excepto… con mis invitados… – La araña empezaba  a tener hambre – Además, esta casa es móvil. En ella puedo ver mundo, distintos paisajes y… ¡¡Viajar a 120 kilómetros por hora!!
¿Y sus telas aguantan? ¡La felicito!  Le mintió él mosquito Me alegro de haber caído aquí y no en otras de esas telas a medio hacer o descuidadas, que tienen más que un nudo de entre punto y punto. Usted es una artista… cómo debió de ser la última…
_Juro que me pareció ver a la araña complacida por aquella conversación tan poco usual y sintió curiosidad por aquel mosquito tan listo… –Es algo que va con la casa: como tengo que empezar de nuevo una y otra vez y tejer y tejer, voy mejorando mi planificación y mis diseños…
¡Qué interesante!, ¡cuénteme más! – Entre tanto él intenta liberarse como puede, pero sin éxito. – Pues sí que es eficiente además de bella su seda…
Ella se acercó al robusto mosquito curiosa: – ¿Y tú, qué me cuentas?, ¿alguna novedad en la noche?
Nada, peleas de gatos, algún grillos furtivo en el jardín… y poco más.  contestó el mosquito, con la esperanza aún viva. Pero las fuerzas iban abandonándolo poco a poco. Por fin lo dijo: – ¿Es que no vas a liberarme? Es que es una tela espectacular… y yo sé apreciarla, déjame vivir y te compensaré…
 Vi como la araña entornó sus cuatro pares de ojos y movió las mandíbulas.
Lo siento, soy tan buena en mi trabajo que aún ni yo misma soy capaz de poder despegar a mis invitados… además, aunque pudiera, es que no quiero… Es por la mañana y me has abierto el apetito…
Pero… pero entonces… ¡¿Por qué has hablado este tiempo conmigo dándome esperanzas?!
–Pues porque esta es mi casa y el que entra ya no sale… y porque me gusta conversar y “leer” las noticias antes de desayunar…

Moraleja: SI TIENES UN AUTOCARABANA, NO BEBAS…




06 de Julio de 2015                              Jorge Emilio Rios Z