CUENTO de VIERNES
Había un hombre llamado Enam (Regalo de Dios). Era pobre y andaba siempre vestido de andrajos. Un día fue a
cazar, al mismo sitio que solía ir de pequeño. Al llegar al bosque,
encontró un gran animal muerto. Cuando se preparaba para asar la carne
del animal, apareció un pajarito que le dijo:
– Enam, no se debe comer esa carne. Continúa un poco más que lo que
calmara tu hambre, estará allí esperándote.
El hombre dejó la carne
y continuó caminando. Un poco más adelante, encontró una gacela
muerta. Intentaba, nuevamente, asar la carne cuando apareció otro
pajarito que le dijo:
Enam, no se debe comer
esa carne. Siempre avanza, que encontrarás cosas mejores que eso.
El obedeció de inmediato
y continuó caminando hasta que vio una casa junto al camino. Se detuvo,
cuando una bella y joven mujer que estaba al lado de una choza, lo llamó, pero él
tuvo temor de acercarse puesto que estaba muy desaliñado y sudoroso.
– ¡Ven aquí! – insistió la joven mujer.
Entonces Enam, se
aproximó tímidamente.
– Entra, le dijo.
Él no quería entrar
porque le daba vergüenza su pobreza. Pero la mujer insistió y Enam
finalmente acepto y entró.
Ve a lavarte y ponte
estas ropas, le dijo la mujer. Y él se lavó y se vistió de camisa blanca
y pantalones nuevos. Luego la mujer expreso.
– A partir de este momento, esta es tu casa. Tú serás mi esposo y
de ahora en adelante, eres tu quien manda.
Y Enam se quedó a su
lado, dejando así de ser un pobre harapiento famélico.
Un cierto día, se organizó
una fiesta en la aldea a la que debían asistir. Antes de partir a la
fiesta, la mujer le dijo a Enam:
– En la fiesta a la que vamos, cuando bailes, no debes mirar hacia atrás
por nada del mundo.
Enam estuvo de acuerdo y
partieron juntos. En la fiesta, bebió mucho alcohol de de caña
y se embriagó. Comenzó a danzar al ritmo de los tambores. A cierta
hora, la música estaba tan animada, que miró hacia atrás. Y en ese
propicio momento, volvió a estar como estaba antes de llegar a la casa de la
mujer: miserablemente pobre y haraposo.
Moraleja:
Todo hombre maduro debe casarse con una mujer de otra estirpe. Sólo así
será respetado como hombre y tenido por “bien vestido”. El varón sin mujer es “pobre
y necesitado”. La verdadera riqueza para un hombre es la esposa, los
hijos, su tierra y la fe.
Los animales que Enam encontró muertos,
simbolizan a las mujeres casadas y si comiese de esa carne, estaría cometiendo
adulterio. Los pajaritos representan a los más viejos, que aconsejan
casarse con una mujer libre. En las sociedades matriarcales del norte de África,
son los hombres quienes se integran en los espacios familiares de las
esposas. En estas sociedades, el jefe de cada uno de estos espacios, es
el tío materno de la esposa. El hombre casado ha de sujetarse a las
normas y reglas que este traza. Si se revela e impone sus reglas, pierde
su estatuto de marido y es expulsado, quedando cada cónyuge con lo que llevó
para el lugar. Cumpliendo siempre lo que los pajaritos le iban diciendo durante
su viaje en busca de “riqueza”, Enam a acabó por encontrarla: se casó con una
mujer libre y obtuvo un lugar. Pero por no haber seguido el consejo de la
mujer, perdió el estatuto dignificante del hombre adulto y casado.
16 de Octubre de 2015 Jorge Emilio Rios Z.

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