sábado, 31 de octubre de 2015

CUENTO de HALLOWEEN

¡SILENCIO, HOSPITAL!

AL DESPERTAR sobre aquella cama en el hospital, lo primero que vino a mi mente fue el coche negro apareciendo de súbito en la esquina, y mi moto chocando y estallando en llamas cerca de una farola de la luz. Recordé las interminables volteretas en el aire y finalmente el doloroso choque contra el asfalto frio y mojado. Luego, la oscuridad total.
 Me incorporé de la cama y miré hacia mis piernas. Esperaba encontrar mi cuerpo cubierto de escayola, pero me sorprendió descubrir que ni siquiera tenía una venda en el brazo. Había salido milagrosamente ileso del accidente, y apenas si me dolía la cabeza, aunque me sentía muy mareado. Giré la vista hacia la ventana; pese a que las gruesas cortinas estaban cerradas supuse que debía ser de noche, porque el hospital estaba en calma y no se escuchaba el bullicio habitual de un sanatorio durante las horas matinales.
    -Parece que fue un accidente con suerte- dijo una voz a mi derecha. Miré en esa dirección, y vi a un anciano recostado en la cama vecina, que leía un libro. Le dije que sí, que probablemente así había sido, y luego le pregunté si sabía cómo llamar a las enfermeras.
    -Tiene un timbre ahí al costado- dijo el viejo, con gestos sorprendidos-. ¿Acaso le duele algo?
     -No, pero tengo sed. Mucha sed. ¿Hace mucho que estoy aquí?
    -No tengo idea, amigo. A mí me trajeron esta mañana, y usted ya estaba en la sala.

    Toqué timbre varias veces, pero la enfermera nunca apareció. De verdad me moría de sed, así que me levanté y me metí al baño y tomé agua del grifo. Cuando regresé, el viejo parecía dormido y su cuerpo flotaba, como un globo, a unos cuarenta centímetros de la cama. Comenzó a convulsionar, y cuando abrió los ojos vi que los tenía en sangre y su rostro hacía muecas de dolor o sufrimiento. Salí de la habitación y cerré la puerta detrás de mí, con el corazón enloquecido en mi pecho. En ese momento, por el largo pasillo del pabellón, un paciente caminaba apoyado en un trípode. Tenía la bata abierta y había cosas que se movían en su espalda; volteó para mirarme, y su rostro era un cráneo sin ojos. Corrí en dirección opuesta y me encontré con la sala de enfermeras al final del pasillo. No había nadie allí, aunque me llamó la atención que el lugar estuviese tan sucio y desordenado, como si no se usara durante años. Algunos azulejos habían caído de las paredes y el mueble del escritorio estaba cubierto de polvo y de trozos de mampostería desprendidos del techo. Ante mi desconcertada mirada, el lugar se fue haciendo más y más viejo, las paredes se fueron cubriendo de moho, las luces del techo titilaron y luego se apagaron, más trozos de mampostería cayeron y algunos cristales de los ventanales estallaron hacia adentro con un estridente chirrido. Seguí corriendo y me encontré con una escalera: la bajé a toda prisa mientras percibía que el hospital entero temblaba sobre sus cimientos, como si fuera a desplomarse de un momento a otro. Finalmente encontré la salida y me abalancé sobre ella. Corrí unos metros en la noche y luego me detuve y miré hacia atrás, pero mi sorpresa fue completa al descubrir que allí no había ningún hospital, sólo un terreno cubierto de pastizales tan altos como sus muros.
     Caminé unos pasos por la calle desierta, sin saber qué hacer. Enseguida me encontré con el vigilante del barrio que refugiado en su garita trataba de encender un cigarrillo.
    -Hombre, no sabe lo que acabo de ver- le dije con voz temblorosa. El vigilante no me prestó atención, por lo que seguí caminando. Dos calles más adelante me topé con un grupo de personas reunido en la esquina. Cuando me arrimé vi el coche negro destrozado, y mi motocicleta hecha un amasijo de hierros retorcidos en la acera. Había un cuerpo inerte sobre una camilla, bañado por las luces intermitentes de la ambulancia. Me acerqué a tiempo para contemplar mi propio rostro ensangrentado y desfigurado, los ojos ya sin vida, antes de que uno de los paramédicos lo cubriera con una sábana.



31 de Octubre de 2015               Jorge Emilio Rios Z




miércoles, 28 de octubre de 2015

        Cuento de Halloween…


                             Hogar de ancianos.


Hacía rato ya que la anciana parecía no recibir visita alguna. Todas las tardes, al regresar del trabajo la veía andar en un eterno vaivén luchando contra su pierna derecha (a la cual parecía haberle caído mucho más pesados los años que al resto de su cuerpo).
_Si es verdad lo que dicen_, que la vida es el uso del tiempo y el tiempo, el sicario de la vida, aquella vecina mía (la inquilina solitaria de la casa de ancianos) debía encontrarse en algún estado de resignación. La mujer se  pasaba mirando la calle desde el patio interior o por la ventana sin importar la hora del día. Es más, recuerdo haberla encontrado asomada frente a las rejas que separan la calle una noche en pleno otoño mientras paseaba mi perro. Estaba ahí, mirándome fijamente; me quede helado, paralizado, me sentí como un ciervo a punto de ser devorado por un león. Aquellos ojos desprovistos de humanidad alguna, me dieron la bienvenida a cientos de noches de insomnio y pesadillas.
Fue extraño aquel temor, siempre la había visto como una ancianita inocente, pero ese miedo resultaba muy cierto y real pese a que bien hubiese deseado que fuera un mal sueño.
Pasados algunos días, decidí enfrentarme a “mi imaginación” y romper la brecha de mis miedos llevándole un pastel de manzana con el propósito de  tomar juntos él te en el jardín; a ver si, quizás, detrás de aquel ser resignado y espectral se hallaba una dulce ancianita.
Hubiese querido dar la vuelta de regreso a casa en el momento en que noté que la temperatura descendía al traspasar el umbral de la decrépita casa de ancianos, pero ya era tarde, mi mano había golpeado su puerta. Se aceleró mi pulso viendo arrimarse los fríos y grises ojos manchados, percibí entonces la falta de algo importante en ese ser, algo básico reemplazado por instintos inhumanos.
-No!- respondió de antemano a la propuesta, como leyendo mi mente.
-¿Por qué esta sola?- mis labios se movieron por sí solos como si una fuerza ajena los controlara.
-Soy viuda- gruñó.
-¿Por qué murió su esposo?- pregunté también de forma involuntaria.
-Se acabó la pasión, me aburrí de él- 
-¿Pero, por qué?-la curiosidad me invadió y no pude evitarlo.
-Por la misma razón por la que no acepto visita alguna y no como pasteles de manzana- un silencio sepulcral resonó en el ambiente y pronuncio guturalmente lo siguiente:
_Me gusta la carne_, liberó entonces en un aliento putrefacto de caninos largos y me cerró la puerta en la cara.


29 de Octubre de 2015                      Jorge Emilio Rios Z.









domingo, 18 de octubre de 2015

La mujer de la costa.

No quiero abrir la puerta, quizás esté oculto el destino en ese cuarto gris de la vida, tal vez salgan a caminar aquellos fantasmas del ayer, aquellos desordenados lugares que siempre me han perseguido en mi peregrino andar, en mi gran caminata por el mundo de los mortales y sus lados oscuros, no puedo ver el sol radiante, no, no está útil desde mi piel reseca, se evapora su vaho, quizás sea el fragmento remoto de lejanos soles o ese jardín derrumbado que aparece en el amarillento papel virgen de palabras de amor, _no preguntes_, que no estás en ese paisaje que aún no ha sido creado en mi vida, ni tampoco en las palabras que imaginó la pluma para el amarillento papel.

Estoy dormido en mi recuerdo, y lentamente regresan todos mis caídos, esos cadáveres que alguna vez formaron parte de la sonrisa de niño, de adolecente, de hombre y aun hoy de viejo; Caídos, que alguna vez caminaron por las calles antiguas de mi vida, tomados de mis manos, con historias repletas de soledades, inenarrable para los amarillentos papeles, calles colmadas por imágenes y pasado, por sombras que ya no recuerdo, besos de lujuriosa amante que disfrazo entre las copas de la nostalgia.
Despierto, aún tengo el sabor de tu recuerdo en mis labios, _no sé por qué te atreves a regresar del pasado, a gritar tu nombre en mi mente, a remarcarle al presente en esas frustrantes costumbres de errores, e intentar convertirlas en buenas enseñanzas, como si el espacio entre el ayer y hoy, lo perdonara todo y fuera la sombra de un mal recuerdo. Quién sabe dónde estás, ya no te veo, pero te oigo, tengo el sabor de tu cuerpo en mis labios y estoy despierto, quizás deba caminar por las calles de mis caídos.
Sé que me perseguirás, aunque ya no eres ese fantasma que aterrorizo mis sentimientos, que abrió la puerta equivocada y asaltó mi adolescencia ingenua, ya no eres esa mujer consentida que escribía su nombre en cada carta de amor con sello de carmín, para que se conociera su travesura, ya no eres ese rito con sabor a caricia y placer. Ya no te pérsigo, ya no te busco, quizás estés entre mis papeles amarillento o en el gris vacío de aquel cuarto, pero te presiento, estás aquí, y aún tengo el sabor de tu cuerpo en mi boca… 



P/D: Si alguna vez te olvido, será porque ya no quedaran olas en la playa…


19 de Octubre de 2015           

                                                           Jorge Emilio Rios Z.







sábado, 17 de octubre de 2015

En un blanco papel.

He estado caminando por esas calles empolvadas de cenizas de recuerdos, el aroma de tus pasos penetra como palabras con eco en mi piel, pregono aquellas frases que un día escribiste en un blanco papel, ese te amo, que rimaba con la complicidad de un beso en aquellas madrugadas inolvidables, esa pasión que solo se descubre en un trazo del color, en el estremecimiento que recorre el cuerpo con solo ver las antiguas palabras hoy, en un amarillento papel, a pesar que nadie más que nosotros podamos recordar el sitio exacto donde fueron escritas estas frases que rimaban con los besos.

Quizás no sea tan importante restaurar el tiempo, buscar en el terreno abandonado de nuestros pechos, aquellas piedras que conformaron un muro para defender el amor. Quién sabe si encontraremos alguna madrugada tan hermosa como aquella, sería la bendición Dios reencontrarnos justo en ese café donde estudié el examen más difícil, que fue besarte.
He tomado el camino de regreso, no puedo creer que ya no exista ni la mitad de aquellos sueños, que se perdieran todas esas ilusiones acumulados en la historia de nuestro pasado, que no exista, una frese que rompan la oscuridad de la noche. Es mejor regresar, mi alma tan solo quiere no escuchar el sonido de tu viento.
Eres un criterio que jamás voy a resolver.



P/D: Dedicado, a un te amo que se escapó de mi boca…


17 de Octubre de 2015                                        Jorge Emilio Rios Z



viernes, 16 de octubre de 2015

CUENTO de VIERNES

Había un hombre llamado Enam (Regalo de Dios).  Era pobre y andaba siempre vestido de andrajos. Un día fue a cazar, al mismo sitio que solía ir de pequeño.  Al llegar al bosque, encontró un gran animal muerto.  Cuando se preparaba para asar la carne del animal, apareció un pajarito que le dijo:
          –  Enam, no se debe comer esa carne.  Continúa un poco más que lo que calmara tu hambre, estará allí esperándote.
El hombre dejó la carne y continuó caminando.  Un poco más adelante, encontró una gacela muerta.  Intentaba, nuevamente, asar la carne cuando apareció otro pajarito que le dijo:
Enam, no se debe comer esa carne.  Siempre avanza, que encontrarás cosas mejores que eso.
El obedeció de inmediato y continuó caminando hasta que vio una casa junto al camino.  Se detuvo, cuando una bella y joven mujer que estaba al lado de una choza, lo llamó, pero él tuvo temor de acercarse puesto que estaba muy desaliñado y sudoroso.
            – ¡Ven aquí! – insistió la joven mujer.
Entonces Enam, se aproximó tímidamente.
           – Entra, le dijo.
Él no quería entrar porque le daba vergüenza su pobreza.  Pero la mujer insistió y Enam finalmente acepto y entró.
Ve a lavarte y ponte estas ropas, le dijo la mujer.  Y él se lavó y se vistió de camisa blanca y pantalones nuevos.  Luego la mujer expreso.
           –  A partir de este momento, esta es tu casa.  Tú serás mi esposo y de ahora en adelante, eres tu quien manda.
Y Enam se quedó a su lado, dejando así de ser un pobre harapiento famélico.
Un cierto día, se organizó una fiesta en la aldea a la que debían asistir.  Antes de partir a la fiesta, la mujer le dijo a Enam:
            –  ­En la fiesta a la que vamos, cuando bailes, no debes mirar hacia atrás por nada del mundo.
Enam estuvo de acuerdo y partieron juntos. En la fiesta, bebió mucho alcohol de   de caña y se embriagó.  Comenzó a danzar al ritmo de los tambores.  A cierta hora, la música estaba tan animada, que miró hacia atrás.  Y en ese propicio momento, volvió a estar como estaba antes de llegar a la casa de la mujer: miserablemente pobre y haraposo.
Moraleja:   Todo hombre maduro debe casarse con una mujer de otra estirpe.  Sólo así será respetado como hombre y tenido por “bien vestido”. El varón sin mujer es “pobre y necesitado”.  La verdadera riqueza para un hombre es la esposa, los hijos, su tierra y la fe.
 Los animales que Enam encontró muertos, simbolizan a las mujeres casadas y si comiese de esa carne, estaría cometiendo adulterio.  Los pajaritos representan a los más viejos, que aconsejan casarse con una mujer libre.  En las sociedades matriarcales del norte de África, son los hombres quienes se integran en los espacios familiares de las esposas.  En estas sociedades, el jefe de cada uno de estos espacios, es el tío materno de la esposa.  El hombre casado ha de sujetarse a las normas y reglas que este traza.  Si se revela e impone sus reglas, pierde su estatuto de marido y es expulsado, quedando cada cónyuge con lo que llevó para el lugar. Cumpliendo siempre lo que los pajaritos le iban diciendo durante su viaje en busca de “riqueza”, Enam a acabó por encontrarla: se casó con una mujer libre y obtuvo un lugar.  Pero por no haber seguido el consejo de la mujer, perdió el estatuto dignificante del hombre adulto y casado.


16 de Octubre de 2015                 Jorge Emilio Rios Z.


jueves, 15 de octubre de 2015

Tu.

Cuando te veo una indiscreta sonrisilla se escapa de mis labios. Tan pequeña; diminuta, que tú no te das cuenta. Y entonces se disipa con las ventiscas heladas que saben a tabaco y tan sólo un poco de alcohol. 
Pero que sepas cariño que es por ti y por nadie más. Aunque sé que no te maten, que las sonrisas que te matan son las de alguien más. 
                                                 ***
Eres una mujer salvaje, un animal con instinto,
Una que necesita ser libre y expresar lo que piensas;
Que amas pasionalmente, que proteges con fiereza.
Un ser intelectual que necesitas comer de los libros,
Amar palabras sencillas; 
Que se vuelve loca con lentas caricias,  
Susurros al oído y respiraciones entrecortadas.
Que escuchas en el silencio…
Pero sobre todo, eres una mujer que camina, que corre, que no necesita nada más que sus dos piernas para recorrer el mundo entero. 


15 de Octubre de 2015                                            Jorge Emilio Rios Z.


(Para las mujeres el mejor afrodisíaco son las palabras, el punto g está en los oídos, el que busque más abajo está perdiendo el tiempo).



domingo, 11 de octubre de 2015

Extraño mundo

Anoche no dormí por jugar con la luna,
anoche conté la mitad de una estrella.
Ayer, pinte colores distintos al arco iris,
 dibuje una rosa blanca en un jardín de papel.
Y me hice amigo de un perro vagabundo,
que vivía en el fondo de mi casa
invisible hace tiempo.
Cante una sorda canción muda
frente al horizonte de un amanecer de tres soles.
Me mire al espejo las arrugas a venir,
Y salude a mi niñez constante, a mi juventud eterna.
Dije mi nombre a viva voz,
_ ¡humano!_, y camine sonriendo…

«Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta soñador, algo bizarra y nostálgico de la misma forma en que yo me siento. Me la imagino, e imagino que ellos también deben estar por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraño como tú.»


11 de Octubre de 2015                                        Jorge Emilio Rios Z.


sábado, 10 de octubre de 2015

Equidad desprolija.

Me moriré y ella seguirá cantando
…bueno, digo…, 
y seguirá haciendo el amor 
como si se muriera mi imagen 
y seguirá sin mí este mundo mágico.
Tanto árbol que planté y
cosas que dije, 
y versos que escribí en la madrugada, 
y andarán por ahí como impurezas
como restos de un alma 
de alguien que estuvo aquí 
y ya no más, 
no más…
Lo triste, lo peor será haber vivido 
como si eso importara, 
haber vivido como un pobre adolescente 
que tropezó y cayó y no supo educarse, 
y lloró y se quejó 
y todo lo demás 
y creyó que importaba.
Todo es muy simple, mucho
más simple y sin embargo
aun así hay momentos
en que es demasiado para mí
en que no entiendo, por qué no entiendo,
y no sé si reírme a carcajadas
o si llorar de miedo por mi espiro
o estarme aquí, en mi fin, sin llanto
sin risas
en silencio
asumiendo lo existido, y negar
mi tránsito, mi tiempo…


10 de Octubre de 2015         Jorge Emilio Rios Z

(Fotografia cedida por: Patricia Monica Otero)




viernes, 9 de octubre de 2015

El canto de un  hombre amado:

Cuando una mujer ama a un hombre,
como yo me siento amado,
la serenidad puede mutar a pasión con una sola mirada.
Cuando una mujer ama a un hombre,
el silencio se llena de mariposas
besando cada caricia, acariciando cada beso...
entregando en la madrugada,
 sombras inquietas en sabanas sin fantasmas.
Cuando tú me amas,
sé que harás, dirás, estarás...
conmigo hasta el final,
sabrás cuándo tus palabras me  valdrán oro
y bañarás con ellas aquello por lo que luchamos.
Cuando una mujer ama a un hombre,
como tú me amas,
como yo me siento amado,
los obstáculos se ascienden juntos sin mediar palabra.
Y los logros serán de ambos, sabiéndonos unidos en la esperanza.


09 de Octubre de 2015                  Jorge Emilio Rios Z.


martes, 6 de octubre de 2015

Pájaro profeta.

Se fuga el último beso de tus labios a mi frente,
mientras me vistes de oscuro cielo
y descubro la agonía de un pájaro profeta,
tiritando de trino en la reseca
rama quebradiza de mi invierno.
El aire en rededor de mi cuerpo entero,
llena mi pelo de gorriones, y vestido de amor
quedo desnudo,
como el último beso de tus labios,
que no aprendió a decir adiós…


06 de Octubre de 2015                       Jorge Emilio Rios Z.




lunes, 5 de octubre de 2015

Decisión…


Escucho voces a mí alrededor,
Y el sol golpea mi pálido rostro
mientras gota a gota van pasando los días.
Tú a mi lado, y gente de blanco.
Tú, con mi mano apretando los rezos, una lágrima y mil recuerdos.
_ ¡Gente de blanco!_, ¡mi dolor es inmenso!_,
mi cuerpo es infierno.
_No digas nada_,
el viaje ya está programado;
Ámame, ámame preparando mi equipaje.
Pon una manta de abrazos
por si siento frío en una noche de invierno,
una muda de tu mejor sonrisa,
y en mi traje, el aroma de tu piel.
No te olvides, un rosario, una foto de familia y por último…
deja que mis manos recorran una vez más
el mapa de tu rostro.
_Escucho voces a mi alrededor_, gente de blanco,
Y mi dolor se calma, y mis retinas van robando tu imagen…


06 de Octubre de 2015                      Jorge Emilio Rios Z.